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Capítulos 10–18

10

Llevando el alma y abrazando el Uno,
¿puedes impedir que se separen?
Concentrando el aliento hasta hacerlo suave,
¿puedes ser como un recién nacido?
Limpiando el espejo misterioso,
¿puedes dejarlo sin mancha?
Amando al pueblo y gobernando el Estado,
¿puedes hacerlo sin astucia?
Cuando las puertas del cielo se abren y se cierran,
¿puedes desempeñar el papel de la hembra?
Claro y luminoso, llegando a todas partes,
¿puedes permanecer en la no-acción?
Engendra y cría a los seres;
engendra, pero no posee;
actúa, pero no se apoya en ello;
guía, pero no domina:
esto se llama la Virtud misteriosa.

11

Treinta radios convergen en un cubo;
es el espacio vacío lo que hace útil el carro.
Se moldea la arcilla para hacer una vasija;
es el espacio vacío lo que hace útil la vasija.
Se abren puertas y ventanas para hacer una habitación;
es el espacio vacío lo que hace útil la habitación.
Así, el ser da el provecho,
y el no-ser da la utilidad.

12

Los cinco colores ciegan los ojos;
las cinco notas ensordecen los oídos;
los cinco sabores embotan el paladar;
las carreras y la caza enloquecen el corazón;
los bienes difíciles de obtener extravían la conducta.
Por eso el sabio atiende al vientre y no a los ojos;
deja aquello y toma esto.

13

El favor y la deshonra inquietan por igual;
estima la gran desgracia como estimas tu propio cuerpo.
¿Qué significa que el favor y la deshonra inquietan por igual?
El favor es algo bajo:
obtenerlo inquieta, perderlo inquieta.
Eso significa que el favor y la deshonra inquietan por igual.
¿Qué significa estimar la gran desgracia como el propio cuerpo?
Si tengo una gran desgracia,
es porque tengo un cuerpo;
si no tuviera cuerpo,
¿qué desgracia podría tener?
Así, a quien estima el mundo como estima su propio cuerpo
se le puede confiar el mundo;
a quien ama el mundo como ama su propio cuerpo
se le puede encomendar el mundo.

14

Se lo mira y no se lo ve: se llama lo invisible;
se lo escucha y no se lo oye: se llama lo inaudible;
se lo intenta asir y no se lo atrapa: se llama lo intangible.
Estos tres no pueden ser escrutados,
y por eso se funden en uno.
Arriba no es luminoso,
abajo no es oscuro.
Interminable, ininterrumpido, no puede nombrarse;
vuelve de nuevo a lo que no es cosa.
Se llama la forma sin forma,
la imagen sin sustancia;
se llama lo esquivo y evanescente.
Si vas a su encuentro, no ves su cabeza;
si lo sigues, no ves su espalda.
Aférrate al Tao de los antiguos
para gobernar las cosas del presente.
Conocer el comienzo antiguo
se llama el hilo del Tao.

15

Los mejores hombres de la antigüedad
eran sutiles, misteriosos, profundos y penetrantes,
demasiado hondos para ser conocidos.
Precisamente porque no pueden ser conocidos,
solo puedo describirlos tal como aparecían:
vacilantes, como quien cruza un río en invierno;
cautelosos, como quien teme a los vecinos de todos lados;
graves, como un huésped;
dóciles, como el hielo a punto de fundirse;
sencillos, como el leño sin tallar;
abiertos, como un valle;
turbios, como el agua cenagosa.
¿Quién puede, con la quietud, aclarar poco a poco el agua turbia?
¿Quién puede, con un largo movimiento, dar vida poco a poco a lo quieto?
Quien guarda este Tao no desea llenarse.
Precisamente porque no está lleno,
puede gastarse sin tener que renovarse.

16

Alcanza el vacío extremo;
guarda la quietud con firmeza.
Los diez mil seres surgen juntos,
y yo contemplo su retorno.
Los seres florecen en abundancia,
y cada uno vuelve a su raíz.
Volver a la raíz se llama quietud;
esto se llama volver al propio destino.
Volver al propio destino se llama lo constante;
conocer lo constante se llama lucidez.
No conocer lo constante
es obrar a ciegas y caer en desgracia.
Quien conoce lo constante todo lo abarca;
quien todo lo abarca es imparcial;
quien es imparcial es completo;
quien es completo es uno con el cielo;
quien es uno con el cielo es uno con el Tao;
quien es uno con el Tao perdura,
y hasta el fin de su vida está libre de peligro.

17

De los mejores gobernantes, el pueblo solo sabe que existen;
a los siguientes, los ama y los alaba;
a los siguientes, los teme;
a los siguientes, los desprecia.
Cuando falta la confianza,
hay desconfianza.
Sin prisa, los mejores gobernantes valoran sus palabras.
Cuando su obra está hecha y su tarea cumplida,
el pueblo entero dice: «Ha sucedido por sí mismo».

18

Cuando se abandona el gran Tao,
aparecen la benevolencia y la justicia;
cuando surgen la astucia y el saber,
aparece la gran hipocresía;
cuando los seis parientes no viven en armonía,1
aparecen la piedad filial y el amor paterno;
cuando el Estado está en desorden y confusión,
aparecen los ministros leales.

  1. Los seis parientes: padre e hijo, hermano mayor y hermano menor, marido y mujer. ↩