Marco Aurelio
Marco Aurelio Antonino fue emperador romano desde el año 161 hasta su muerte en 180, y el último de los gobernantes a los que los historiadores posteriores llamaron los «cinco buenos emperadores». Nacido en Roma en 121 en una familia acaudalada de origen hispano, perdió a su padre siendo niño y fue criado por su abuelo. El emperador Adriano se fijó en aquel muchacho serio y estudioso y dispuso su futuro: en 138 Marco fue adoptado por el sucesor de Adriano, Antonino Pío, y pasó más de veinte años a su lado aprendiendo el oficio de gobernar.
Recibió lecciones de retórica de Frontón, el orador más célebre de su tiempo, pero hacia los veinticinco años se volvió hacia la filosofía. Su maestro Junio Rústico le prestó las lecciones de Epicteto, y desde entonces se consideró estoico.
Su reinado fue una prueba casi ininterrumpida. Una gran peste, traída por los ejércitos desde Oriente, asoló el imperio; a las guerras con Partia siguieron largas campañas contra marcomanos, cuados y sármatas en el Danubio, donde el propio emperador pasó la mayor parte de sus últimos doce años. Gobernó con cuidado de la ley y de los débiles, y se le recordó por su justicia y su clemencia. Murió en campaña en 180 y le sucedió su hijo Cómodo.
Su estatua ecuestre del Capitolio, en Roma, es el único gran bronce de un emperador romano que se ha conservado desde la Antigüedad, y la Columna de Marco Aurelio aún narra sus guerras. Pero su monumento más duradero es el libro de notas que escribió para sí mismo, las Meditaciones, que ha hecho del emperador filósofo una presencia viva para los lectores desde entonces.