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El barco y la posada

6–14

6 No te envanezcas de ninguna excelencia ajena. Si el caballo, envaneciéndose, dijera: «Soy bello», sería soportable; pero tú, cuando dices envaneciéndote: «Tengo un caballo bello», sabe que te envaneces de un bien del caballo. ¿Qué es, pues, lo tuyo? El uso de las representaciones. Así que, cuando te comportes conforme a la naturaleza en el uso de las representaciones, entonces envanécete; porque entonces te envanecerás de un bien tuyo.

7 Como en un viaje por mar, cuando el barco ha fondeado, si sales a buscar agua, puedes de paso recoger un caracolillo o un bulbo, pero debes tener el pensamiento puesto en el barco y volverte continuamente, no sea que el piloto llame, y, si llama, dejar todo aquello, para que no te echen a bordo atado como a las ovejas; así también en la vida: si en lugar de un bulbo y de un caracolillo se te da una mujer y un hijo, nada lo impide; pero, si el piloto llama, corre al barco dejando todo aquello sin volverte siquiera. Y, si eres viejo, no te alejes nunca mucho del barco, no sea que, cuando llame, faltes.

8 No pretendas que lo que sucede suceda como quieres, sino quiere lo que sucede tal como sucede, y tu vida fluirá serena.

9 La enfermedad es un impedimento para el cuerpo, pero no para la elección, si ella misma no quiere. La cojera es un impedimento para la pierna, pero no para la elección. Y dite esto ante cada cosa que te suceda: encontrarás que es impedimento para otra cosa, pero no para ti.

10 Ante cada cosa que te suceda, acuérdate de volverte hacia ti mismo y buscar qué capacidad tienes para hacerle frente. Si ves a un hombre o a una mujer bellos, encontrarás para ello la capacidad del dominio de ti mismo; si se te impone una fatiga, encontrarás la resistencia; si un insulto, encontrarás la paciencia. Y, si te acostumbras así, no te arrastrarán las representaciones.

11 No digas nunca de nada: «Lo he perdido», sino: «Lo he devuelto». ¿Ha muerto tu hijo? Ha sido devuelto. ¿Ha muerto tu mujer? Ha sido devuelta. «Me han quitado el campo». Pues también este ha sido devuelto. «Pero es malo el que me lo ha quitado». ¿Y a ti qué te importa por medio de quién te lo reclamó el que te lo dio? Mientras te lo da, cuídalo como cosa ajena, como los viajeros cuidan la posada.

12 Si quieres progresar, abandona razonamientos como estos: «Si descuido mis asuntos, no tendré de qué vivir»; «Si no castigo al esclavo, será malo». Porque es mejor morir de hambre libre de pena y de temor que vivir en la abundancia turbado; y es mejor que el esclavo sea malo que no que tú seas desdichado.

Empieza, pues, por las cosas pequeñas. Se derrama el aceite, roban el vino; di: «A este precio se vende la impasibilidad, a este precio la serenidad; nada se obtiene gratis». Y, cuando llames al esclavo, piensa que puede no obedecerte y, aun obedeciéndote, no hacer nada de lo que quieres; pero no le va tan bien a él como para que de él dependa que tú no te turbes.

13 Si quieres progresar, resígnate a parecer insensato y necio en las cosas exteriores; no quieras parecer que sabes nada; y, si a algunos les pareces alguien, desconfía de ti mismo. Porque sabe que no es fácil conservar a la vez tu elección conforme a la naturaleza y las cosas exteriores, sino que, por fuerza, quien se ocupa de lo uno ha de descuidar lo otro.

14 Si quieres que tus hijos, tu mujer y tus amigos vivan siempre, eres un necio; porque quieres que dependa de ti lo que no depende de ti, y que sea tuyo lo ajeno. Del mismo modo, si quieres que tu esclavo no cometa faltas, eres un tonto; porque quieres que el vicio no sea vicio, sino otra cosa. Pero, si quieres no fracasar en tus deseos, eso sí puedes. Ejercita, pues, lo que puedes.

Señor de cada uno es quien tiene poder sobre lo que este quiere o no quiere, para procurárselo o quitárselo. Así pues, el que quiera ser libre, que no quiera ni rehúya nada de lo que depende de otros; si no, por fuerza será esclavo.