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Platón

Fedón

c. 380 a. C. · Del griego · Platonis Opera, ed. John Burnet, vol. I, Oxford, 1900

Filosofía y pensamientoAntigüedad

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Introducción

El día en que la nave sagrada regresó de Delos, los amigos de Sócrates se reunieron en la cárcel al despuntar el alba. Era su último día. Algún tiempo después, en la ciudad de Fliunte, en el Peloponeso, Equécrates pide a Fedón de Elis, que estuvo presente, que le cuente todo lo que se dijo y se hizo; y el relato de Fedón es el diálogo que leemos. Recuerda una extraña mezcla de sentimientos: no compasión, como cabría esperar ante la muerte de un amigo, sino una especie de asombro, porque Sócrates parecía feliz, y el día transcurrió, como siempre, en la filosofía.

La cuestión del día es la muerte misma. ¿Por qué un filósofo ha de alegrarse de morir y, sin embargo, no quitarse la vida? Sócrates responde que la filosofía no es otra cosa que un ejercicio de morir: el alma que se recoge lejos del cuerpo, de sus placeres, temores y distracciones, para ver las cosas tal como son solo con el pensamiento. Si es así, la muerte es la meta misma que el filósofo ha perseguido toda su vida. Pero sus dos jóvenes amigos de Tebas, Simmias y Cebes, no lo dejan escapar tan fácilmente. ¿No se dispersará el alma, quizá, como el humo en el momento de la muerte? Todo depende de si es inmortal.

Siguen, uno tras otro, los argumentos que han dado forma al pensamiento occidental sobre el alma durante veinticuatro siglos: que los contrarios nacen de los contrarios, de modo que los vivos nacen de los muertos como los muertos de los vivos; que aprender es recordar lo que el alma conoció antes de nacer; que el alma es afín a lo invisible e inmutable, y el cuerpo a lo visible y perecedero. Simmias objeta que el alma podría ser como la armonía de una lira, que perece con el instrumento; Cebes, que podría sobrevivir a muchos cuerpos, como un tejedor que gasta muchos mantos, y aun así perecer al final. En este punto el diálogo se detiene, y Sócrates previene a sus amigos contra la peor de las desgracias: llegar a odiar los razonamientos mismos.

La respuesta que da entonces es el pasaje más importante del diálogo. Sócrates cuenta cómo, de joven, esperó hallar en la ciencia de la naturaleza, y en Anaxágoras, las verdaderas causas de las cosas, y quedó decepcionado; cómo emprendió entonces una «segunda navegación», buscando en los razonamientos la verdad de los seres; y cómo llegó a la hipótesis de las Formas —lo bello en sí, lo bueno en sí, lo grande en sí—, por las cuales todas las cosas bellas, buenas y grandes son lo que son. Aquí Platón expone, con más amplitud que en ningún lugar anterior, la teoría de las Formas y el método de hipótesis sobre los que se construye el resto de su filosofía. De ella extrae Sócrates su prueba final: el alma, que lleva la vida a todo aquello en que entra, nunca puede admitir la muerte, y es, por tanto, inmortal e indestructible.

El diálogo se cierra con un mito de la verdadera tierra y del juicio de las almas, y después con la escena de la muerte de Sócrates: el baño, la despedida de su familia, las lágrimas del servidor, la copa bebida con calma hasta el fondo y sus últimas palabras a Critón. Pocas páginas de cualquier literatura han sido leídas tantas veces. Esta traducción se ha hecho a partir del texto griego de la edición de Oxford de John Burnet. Los números al margen (57a, 57b …) son las referencias de Stephanus que se usan en todas las ediciones y traducciones de Platón, para que cualquier pasaje pueda localizarse y citarse.

Índice

  1. Fedón comienza su relato57a–59c
  2. La última mañana59c–61d
  3. Por qué no hay que quitarse la vida61d–63e
  4. La filosofía como ejercicio de morir63e–65d
  5. El conocimiento sin el cuerpo65d–67b
  6. La verdadera virtud y la purificación67b–69e
  7. Los contrarios nacen de los contrarios69e–72e Miembros
  8. Aprender es recordar72e–74c Miembros
  9. El alma existía antes de nacer74c–77a Miembros
  10. El niño que llevamos dentro77a–78b Miembros
  11. El alma es afín a lo divino78b–80c Miembros
  12. Adónde van las almas tras la muerte80c–82b Miembros
  13. La filosofía libera el alma82b–84b Miembros
  14. El canto del cisne y la objeción de Simmias84c–86d Miembros
  15. La objeción de Cebes: el tejedor y sus mantos86d–88b Miembros
  16. Una interrupción: Equécrates y Fedón88c–89c Miembros
  17. Contra el odio a los razonamientos89c–91c Miembros
  18. ¿Armonía o recuerdo?91c–92e Miembros
  19. El alma no es una armonía92e–95a Miembros
  20. Las primeras indagaciones de Sócrates sobre la naturaleza95a–97b Miembros
  21. La decepción de Anaxágoras97b–99d Miembros
  22. La segunda navegación: las Formas como causas99d–102a Miembros
  23. Los contrarios no admiten a sus contrarios102a–103c Miembros
  24. La nieve, el fuego y el número tres103c–105b Miembros
  25. El alma es inmortal e indestructible105b–107b Miembros
  26. El cuidado del alma y el camino al Hades107c–108e Miembros
  27. Vivimos en las cavidades de la tierra108e–110b Miembros
  28. La verdadera tierra110b–111c Miembros
  29. El Tártaro y los ríos bajo la tierra111c–112e Miembros
  30. Los cuatro grandes ríos112e–113d Miembros
  31. El juicio y un riesgo hermoso113d–115a Miembros
  32. «¿Cómo te enterraremos?»115a–116a Miembros
  33. La despedida del servidor116a–117a Miembros
  34. La muerte de Sócrates117a–118a Miembros